domingo, 22 de febrero de 2026

Liliana Angulo Cortés

La partida de Liliana Angulo Cortés deja un vacío profundo en el arte contemporáneo colombiano y en los procesos culturales comprometidos con la justicia histórica. Artista plástica, gestora cultural e investigadora, su trayectoria no solo transformó lenguajes estéticos, sino también estructuras institucionales y narrativas nacionales.

Hablar de Liliana Angulo es hablar de una obra situada. Su producción visual se centró en las experiencias, memorias y resistencias de las poblaciones afrocolombianas, abordando con rigor conceptual temas como el racismo estructural, la representación del cuerpo negro, los estereotipos heredados del colonialismo y la invisibilización histórica. Desde la fotografía, la instalación y el trabajo con archivo, construyó una propuesta artística que dialoga con la teoría crítica, los estudios decoloniales y las epistemologías afrodescendientes.

Arte como acto de reparación simbólica

En su paso por la dirección del Museo Nacional de Colombia, impulsó un proceso de transformación institucional con enfoque decolonial y de reparación histórica. Esta apuesta no fue meramente discursiva: implicó revisar colecciones, narrativas curatoriales, políticas de adquisición y estrategias pedagógicas para ampliar las voces representadas en el relato museográfico.

Su liderazgo abrió espacios para cuestionar la mirada eurocéntrica que históricamente ha estructurado los museos en América Latina. Bajo su dirección, el museo avanzó hacia una comprensión más plural de la nación, reconociendo la centralidad de los pueblos afrocolombianos, indígenas y comunidades históricamente marginadas en la construcción del país.

Este proceso representó un giro epistemológico: pasar del museo como contenedor de objetos al museo como espacio de diálogo, memoria y disputa simbólica.

Un referente para artistas e investigadores

La obra de Liliana Angulo es hoy referencia obligada para artistas, investigadores y comunidades que trabajan desde perspectivas afrodescendientes y decoloniales. Su producción no solo interpela la estética, sino que cuestiona los regímenes de representación que han sostenido jerarquías raciales y sociales.

En sus series fotográficas y proyectos de investigación artística, el cuerpo afrodescendiente deja de ser objeto exotizado para convertirse en sujeto político y narrador de su propia historia. Ese desplazamiento es central en su legado: reivindicar la agencia, la dignidad y la memoria.

Asimismo, su labor como investigadora fortaleció el diálogo entre arte y academia, demostrando que la creación artística puede ser también un dispositivo de producción de conocimiento.

Legado ético y político

Más allá de su obra material, Liliana Angulo deja un legado ético: la convicción de que el arte no es neutral. Que las imágenes construyen imaginarios colectivos. Que las instituciones culturales tienen responsabilidad histórica. Y que la memoria es un campo de disputa donde se juega la posibilidad de justicia simbólica.

En un país atravesado por profundas desigualdades raciales y sociales, su trabajo contribuyó a ampliar el horizonte democrático de la cultura. Nos recordó que el reconocimiento no es un gesto decorativo, sino un acto político.

Honrar su memoria implica continuar las conversaciones que abrió: cuestionar las narrativas únicas, fortalecer la diversidad cultural y sostener el compromiso con la reparación histórica.

Liliana Angulo Cortés no solo produjo obra; produjo conciencia. Y en esa conciencia permanece viva su presencia.

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