En Servitá, el teatro se convirtió en un espacio para reconocer las historias de las víctimas del conflicto y reivindicar el arte como herramienta de transformación y reconciliación.
Usaquén, 29 de agosto de 2026. El arte fue protagonista hoy en Servitá con la realización de Festiarte, un encuentro cultural que tuvo como eje central el reconocimiento de las víctimas del conflicto armado y la capacidad de la creación artística para transformar el dolor, preservar la memoria y abrir caminos hacia la esperanza.
Producido por el Teatro Zarcillos, bajo la dirección de la maestra Luza Dary Beltrán, el festival propuso un espacio de encuentro alrededor de las artes escénicas y la memoria, poniendo en el centro las historias de quienes han vivido las consecuencias de la violencia y que, desde sus propias experiencias, han encontrado caminos para reconstruir sus vidas y aportar a la transformación de sus comunidades.
Del dolor a la creación
Festiarte planteó una reflexión profunda: el dolor también puede convertirse en una fuerza creadora cuando encuentra espacios para ser escuchado, reconocido y expresado.
A través del arte, las experiencias de las víctimas pueden dejar de permanecer en el silencio y convertirse en relatos que contribuyen a construir memoria colectiva. El teatro, en particular, ofrece la posibilidad de poner en escena emociones, historias y preguntas que ayudan a comprender las huellas que deja el conflicto, pero también las capacidades de resistencia y resiliencia de quienes lo han enfrentado.
En este sentido, el festival no fue solamente una celebración artística. Fue también un acto de memoria y reconocimiento, una invitación a mirar el pasado desde las voces de las víctimas y a comprender que recordar es fundamental para avanzar hacia una sociedad que no repita las violencias.
El arte como camino de reconciliación
La propuesta liderada por la maestra Luza Dary Beltrán y el Teatro Zarcillos reafirma el papel de la cultura en los procesos de construcción de paz. Llevar estas conversaciones a escenarios comunitarios como Servitá permite acercar la memoria a la ciudadanía y generar encuentros intergeneracionales alrededor de la palabra, la representación y la sensibilidad.
Festiarte demostró que el escenario puede ser mucho más que un lugar para presentar una obra: puede convertirse en un territorio de escucha, memoria y transformación.
Las expresiones artísticas presentadas durante la jornada permitieron recordar que detrás de cada historia de victimización existen también historias de resistencia, de mujeres y hombres que han reconstruido sus proyectos de vida, de comunidades que han resistido y de personas que se niegan a permitir que la violencia tenga la última palabra.
Una apuesta por la memoria viva
Desde Servitá, Festiarte dejó un mensaje poderoso: transformar el dolor no significa olvidar lo ocurrido, sino encontrar nuevas formas de narrarlo, comprenderlo y convertirlo en una posibilidad de construcción colectiva.
El arte abre precisamente ese camino. Permite llorar, recordar, preguntar, denunciar, sanar y, sobre todo, imaginar otros futuros.
Con Festiarte, el Teatro Zarcillos y la maestra Luza Dary Beltrán aportan a mantener viva la memoria de las víctimas y a demostrar que la cultura puede ser una herramienta para dignificar sus historias, fortalecer la esperanza y construir paz desde los territorios.
Porque cuando el dolor encuentra una voz, la memoria se convierte en transformación.