Rogelio Salmona: cuando la arquitectura se convierte en derecho y
memoria colectiva.
Colombia vuelve a mirar sus ciudades con orgullo y responsabilidad. Esta vez, lo hace al postular ante la UNESCO la obra del maestro Rogelio Salmona como candidata a Patrimonio Mundial de la Humanidad, un reconocimiento que trasciende lo arquitectónico y se adentra en lo ético, lo social y lo profundamente humano.
El pasado 5 de febrero de 2026, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Fundación Rogelio Salmona presentaron oficialmente ante la UNESCO el expediente titulado “La obra de Rogelio Salmona: Contrapunto desde la arquitectura del Movimiento Moderno”. En él se postulan cuatro obras emblemáticas que transformaron para siempre el paisaje urbano y la manera de habitar la ciudad en Colombia: Residencias El Parque, el Archivo General de la Nación, el Edificio de Posgrados de la Universidad Nacional de Colombia y el Parque Biblioteca Virgilio Barco.
No se trata solo de edificios. Se trata de una visión de país.
Arquitectura que confía en la gente
La arquitectura de Salmona se reconoce de inmediato: el ladrillo como lenguaje, el agua como diálogo, los recorridos abiertos como invitación. Pero su verdadero valor está en lo que propone: ciudades pensadas para el encuentro, espacios que no excluyen, que no aíslan, que no privatizan la vida colectiva.
En tiempos donde lo público se reduce y se fragmenta, la obra de Salmona defiende con firmeza valores esenciales como la democracia, la convivencia y el derecho al espacio común. Sus construcciones no imponen; conversan. No encierran; convocan. Son escenarios donde la ciudadanía existe y se reconoce.
Por eso, hablar de su obra es hablar de arquitectura humanista, una arquitectura que entiende que el diseño también es una forma de educación cívica y de construcción de tejido social.
Un proceso colectivo, una memoria compartida
La postulación ante la UNESCO es el resultado de un proceso riguroso y colaborativo que comenzó en 2021, liderado por la Fundación Rogelio Salmona, el Ministerio de las Culturas y la Universidad Nacional de Colombia. Durante estos años, expertos nacionales e internacionales han trabajado en la documentación y justificación del Valor Universal Excepcional de estas obras, un requisito clave para aspirar al reconocimiento mundial.
En marzo de 2026 se definirá si la propuesta colombiana queda incluida entre las 35 candidaturas que serán evaluadas durante el año por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), organismo asesor de la UNESCO. De avanzar el proceso, la decisión final se tomará en la 49.ª sesión del Comité de Patrimonio Mundial, programada para 2027.
Patrimonio que se vive, no que se contempla
Reconocer la obra de Rogelio Salmona como Patrimonio Mundial no es solo un honor para Colombia; es un compromiso. Implica cuidar, proteger y, sobre todo, habitar conscientemente estos espacios que nos recuerdan que la ciudad también puede ser amable, democrática y profundamente humana.
Porque el legado de Salmona no está solo en el ladrillo que resiste el tiempo, sino en la idea tan urgente hoy de que la arquitectura puede y debe estar al servicio de la vida colectiva.