El pasado 28 de febrero, en la Biblioteca Municipal Piedad Ayora de Quiñones en Tumaco, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes dio un paso histórico: la entrega oficial de la Resolución 0760 de 2025 que adopta el Plan Especial de Salvaguardia (PES) del Paisaje Cultural Vichero como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional.
Más que un acto administrativo, fue un gesto de reparación simbólica y política hacia las comunidades afrodescendientes del litoral Pacífico que, durante décadas, defendieron el viche en medio de la estigmatización, la persecución y el olvido estatal.
El viche: sistema vivo de territorio y memoria
Con esta resolución, el Estado reconoce que el viche no es simplemente una bebida tradicional. Es un sistema cultural integral que articula territorio, biodiversidad, espiritualidad y economía comunitaria.
El enfoque de “Paisaje Cultural” amplía la mirada: protege desde la siembra de la caña nativa en pequeños lotes colectivos hasta la destilación artesanal en fogones familiares; desde las dinámicas de ríos y mares hasta la cosmovisión del Muntú Bantú, que conecta a los vivos con sus ancestros y con la naturaleza.
Este reconocimiento implica entender que el saber vichero está indisolublemente ligado a la selva húmeda del Pacífico, a sus ritmos ambientales y a las prácticas ancestrales que han sostenido la vida en territorios históricamente marginados.
1.000 acreditaciones: autonomía económica y liderazgo femenino
Uno de los anuncios más significativos fue la entrega de 1.000 Acreditaciones de Calidad Vichera a portadoras y portadores de tradición en los departamentos de Cauca, Nariño, Chocó y Valle del Cauca.
La acreditación número 1.000 fue entregada simbólicamente a una mujer adulta mayor, en reconocimiento al papel histórico de las mujeres afro como guardianas del fogón, del conocimiento ancestral y de la economía comunitaria.
Este gesto no es menor. En el Pacífico, las mujeres vicheras han sido sostén económico y espiritual de sus comunidades. Han transmitido técnicas, recetas medicinales y rituales; han resistido la criminalización; han sostenido la memoria. Reconocerlas formalmente es un acto de justicia cultural y de género.
Justicia sanitaria y consulta previa
El proceso también incluyó el cumplimiento de la Consulta Previa mediante 52 encuentros territoriales, así como avances en la segunda fase de recolección de muestras junto al INVIMA para la Resolución Sanitaria de Derivados.
Esto significa que el saber ancestral no será desplazado por normativas ajenas al territorio, sino que dialogará con el marco sanitario nacional desde el respeto a la autonomía cultural. Se trata de construir regulación sin despojar identidad.
Infraestructura para la memoria y relevo generacional
En la Escuela Taller de Tumaco se entregaron certificados a aprendices formados en albañilería y ebanistería, quienes participaron en la adecuación de la sala de exposición “Historias y Memorias del Litoral Pacífico Sur”.
Este componente es clave: no solo se salvaguarda una práctica productiva, sino también los espacios donde se narra la historia del territorio. Formar a jóvenes en oficios vinculados a la memoria cultural fortalece el relevo generacional y dignifica la transmisión del patrimonio.
Cultura, paz y desarrollo rural
La adopción del Plan Especial de Salvaguardia del Paisaje Cultural Vichero reafirma una premisa fundamental: la paz y el desarrollo rural no se imponen, se construyen desde la identidad, el reconocimiento y el trabajo colectivo.
En el caso del Pacífico, proteger el viche es proteger el territorio. Es defender la biodiversidad, los saberes ancestrales y la autonomía económica de comunidades afrodescendientes que han hecho de la cultura una herramienta de resistencia.
Hoy el viche deja de ser visto como una práctica marginal y se afirma como patrimonio vivo de la nación. Y en ese reconocimiento, el país también se reconoce a sí mismo: diverso, afrodescendiente, ribereño, selvático y profundamente cultural.
Porque en el Pacífico, el viche no es solo una bebida. Es memoria, dignidad y futuro.
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